sábado, 25 de septiembre de 2010

El hueco oscuro de mis silencios

me pregunta el por qué.

Me convence de mi propia cobardía.

¿Será cobardía o discreción?

No lo sé;

Pero que es silencio…

De eso no tengo dudas.

Creo.

¿Para qué guardo todo esto?

¿Para qué reflexiono?

Si de todos modos…

Nunca llego a una respuesta satisfactoria.

Me duele.

Me aturde.

Me confunde.

Agrieta mis pensamientos;

los envejece,

los mutila,

los agobia.

Aún me sigo preguntando…

¿Será cobardía o discresión?

El galope constante

de mis propios fantasmas

me sigue de cerca.

Convive conmigo.

Me sopla disimuladamente en la nuca.

Me habla,

a veces fuerte, casi gritando

y a veces susurra tímidamente

que casi no logro

percibir su compañía.

De todas maneras, está conmigo.

Es invisible.

Intangible.

Cualquiera diría que…

“poca cosa”.

Pero se las arregla para venir conmigo

a todas partes.

Me taladra la cabeza.

Me perfora.

Me subyuga bajo sus pies

descalzos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario